El rol del abuelo
De qué forma el rol del abuelo se redefine entre expectativas propias, ensayo y error, y demandas de las nuevas generaciones
La última película del cineasta italiano Gianni Di Gregorio pone en el centro a un ‘Nono’ obligado a reconstruir lazos con su hija y sus nietos tras años de armonía
Gianni Di Gregorio interpreta a un profesor jubilado cuya rutina se ve alterada por el regreso inesperado de su familia.
En Hagas lo que hagas, está mal(Come ti muovi, sbagli), Gianni Di Gregorio vuelve a ese territorio que conoce como pocos: la vida cuando parece estar en calma y, sin aviso, se desacomoda. La película, dirigida y protagonizada por el propio Di Gregorio, propone una comedia serena, de ritmo pausado, que observa a la familia como un sistema de fuerzas en permanente tensión.

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El protagonista es un profesor jubilado, viudo, con una pensión suficiente, amistades fieles y una incipiente relación afectiva.
El equilibrio del protagonista se quiebra cuando su hija regresa desde Alemania con sus dos hijos.
Su cotidianidad romana —hecha de rituales, silencios y pequeñas rutinas— se quiebra cuando su hija regresa desde Alemania tras una separación. Llega con dos hijos: un niño inquieto y una preadolescente que ya empieza a discutir el mundo adulto. Con ellos, se instala también el conflicto.

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A Di Gregorio le alcanza con mostrar cómo una vida organizada alrededor del equilibrio personal entra en crisis cuando irrumpe lo familiar. La casa se llena de ruido, de demandas, de reproches no resueltos. El pasado vuelve a ocupar espacio físico.
El filme profundiza en la tensión emocional entre el abuelo y sus nietos, mostrando la negociación de roles y los límites familiares.
La paternidad reaparece cuando parecía archivada. Y el rol del abuelo se construye a fuerza de ensayo y error. Una comida chatarra repetitiva: los arancinis, una bolas de arroz cremoso empanados y fritos, que suelen satisfacer a los nietos y resolver los almuerzos antes los cambios de planes.

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Es que hay algo reconocible para muchas familias italianas asentadas en Argentina: las comidas compartidas, los silencios incómodos, la autoridad que se discute sin necesidad de levantar la voz. También una forma de querer que no siempre sabe cómo decirse. En ese clima, la película avanza sin estridencias, con una ternura contenida que nunca cae en lo sentimental.
La película aborda temas universales como la infidelidad, el perdón y los rencores sin caer en el melodrama.
El vínculo entre el Nono y sus nietos funciona como núcleo emocional. Allí aparecen la paciencia, la incomprensión, la negociación constante. También los límites. La película observa cómo se transmite —o no— una idea de orden, de afecto, de responsabilidad. Y cómo cada generación interpreta esas palabras a su manera.
La película introduce, además, una metáfora que atraviesa el relato: la aparición de un animal, un perro que parece lobo o un lobo que parece perro. Lo salvaje y lo domesticado conviven, se rozan, se desafían. Como los personajes. Como las reacciones instintivas que muchas veces se imponen sobre la razón o incluso sobre el afecto. Cada acción genera una respuesta. Un movimiento físico ante otro. Una lógica casi mecánica que explica buena parte de los conflictos familiares.
La historia introduce una metáfora a través de un perro-lobo, representando el choque entre lo salvaje y lo domesticado en las relaciones familiares.
La película también se permite abordar temas como la infidelidad, el perdón y los rencores acumulados, sin convertirlos en grandes dilemas morales. Están ahí, como parte de la vida. Como algo que se arrastra y condiciona.
A los 76 años, Gianni Di Gregorio —nacido en 1949— vuelve a demostrar que el cine puede ser cómplice, un compás lento frente al vértigo de las redes y lo inmediato. Después de haber coescrito Gomorra junto a Matteo Garrone y de haber encontrado su voz en Un feriado particular, consolida aquí una poética basada en la observación minuciosa y el humor leve. Un cine que prefiere la sobremesa al impacto, la conversación al golpe de efecto.
Hagas lo que hagas, está mal propone una mirada. Y recuerda que, en la familia, casi nunca se actúa bien del todo. Pero aun así —o precisamente por eso— se sigue intentando.