Tiene 92 años y viaja por el mundo jugando al tenis
Mi secreto de longevidad“No me importan las frivolidades ni tener una arruga más en la cara”
Por Andrea Ventura. Fotos de Ricardo Pristupluk
Ana Obarrio se parece a un huracán que mueve todo a su paso. Donde esté, su presencia se destaca, ilumina. Es la matriarca de una familia numerosísima, con 10 hijos, 38 nietos y 5 bisnietos, de la que está orgullosa y siempre pendiente. Con su larga cabellera plateada y su esbelta figura vestida de blanco, se mueve con la agilidad de una gacela en su casa, en la calle y adentro de una cancha. Tiene 92 años, juega al tenis en la categoría damas super seniors +85 y representa a la Argentina en los mundiales. Empezó a jugar de chica, acompañando a su padre, a quien le gustaba mucho el tenis. Primero, simplemente miraba los encuentros y luego agarró la raqueta. La vieron con condiciones y comenzó a competir en torneos nacionales hasta los 18 años. “Después me puse de novia, él no quería que jugara y dejé el tenis. Yo quería formar una familia; mi marido era un amor de persona, fue una decisión de la que no me arrepentí para nada. No tenía tiempo ni de agarrar una raqueta”, cuenta en su departamento de Retiro, donde vivió toda la vida con su enorme familia y donde se suelen quedar algunos de sus nietos a dormir. “Las puertas de casa están siempre abiertas, siempre viene alguno”.
Cuando enviudó a los 65 años y ya con los hijos grandes, retomó su pasión de juventud: volvió a jugar con amigas al tenis. Como se destacaba en el grupo por su habilidad, y por sugerencia de una de ellas, se anotó en la Asociación de Tenis. “Empecé a ganar y me empezaron a llamar para competir, para viajar por el mundo”. El año pasado, por ejemplo, participó en el Campeonato Mundial Seniors de Tenis, que se realizó en Croacia, entre muchos otros torneos a los que asistió en los últimos años. “Había gente grande de todas partes, felices y contentas jugando al tenis -continúa-. Estas experiencias me ayudan mucho en lo físico y en lo mental, porque estoy programando el próximo tanto, el partido, queriendo ganar. El tenis para mí representa felicidad, tranquilidad, armonía, relaciones humanas”. ¿Cómo llegar a los 92 años y seguir corriendo en una cancha? Ana no sabe cómo lo logró, pero se preocupa por no quedarse quieta nunca. Sale, camina varias cuadras por día, entrena tres veces por semana, se alimenta bien, descansa en horarios siempre fijos. Su secreto de longevidad y asombrosa vitalidad justamente es mantener una vida activa, volcada al deporte, a la lectura, con vínculos familiares fuertes y con un propósito. “No me importan las frivolidades ni tener una arruga más en la cara, nunca fui de usar cremas”, se sincera. También asegura que los genes la ayudan: “Mi papá, que era psiquiatra, llegó a los 100 y mi mamá a los 97 años, los dos muy vitales, brillantes. Para mí es normal”.
Fuente: La Nación